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por Francesco Rizzo
En el seno estratificado e inagotable de Castell’Arquato, un pueblo en el que la piedra parece convertirse en portavoz de un tiempo dilatado e insondable, el arte contemporáneo deja de ser pura abstracción para convertirse en encuentro y choque con la esencia primigenia de la tierra. Hasta el 21 de junio de 2026, los espacios históricos, densos y materiales de la Enoteca Municipal se ofrecen no como recipientes asépticos, sino como una auténtica encrucijada laica. En esta arquitectura de la memoria se pone en escena «Rue des Vins», un compendio visual cíclico, íntimo y vertiginoso, fruto de la mente inquieta y del trazo quirúrgico del maestro Gastone Biggi. Este proyecto expositivo, orquestado con un rigor filológico impecable en colaboración con la Fundación Gastone Biggi, no es una simple narración geográfica. Se manifiesta más bien como una investigación fenomenológica del paisaje, una celebración del viaje emprendido a través de los lugares de la tierra y las arquitecturas subterráneas de sus viñedos. Aquí, el artista ofrece al público una síntesis poético-visual en la que el sabor, el olor y la estructura del suelo se transmutan en la vibración absoluta del trazo gráfico.
La alquimia de la botella y la fenomenología del límite
Toda la gramática visual de la exposición se desarrolla a través de una serie de ochenta dibujos originales, concebidos por el autor como sismógrafos del alma, auténticos apuntes visuales plasmados en cartulinas cuyo perímetro se enmarca en un formato rigurosamente íntimo, casi monástico: 10,5 x 15 centímetros. Es precisamente en la aceptación y la exaltación de este límite espacial donde Biggi lleva a cabo su milagro epistemológico. El espacio reducido no es una restricción, sino una cámara de resonancia. En este perímetro mesurado, Biggi orquesta un diálogo polifónico entre las técnicas, entrelazando la untuosidad de los pasteles, la incisividad angulosa de los lápices y la profundidad abismal de la tinta china. El artista lleva a cabo una destilación formal que roza el ascetismo: la inmensidad caótica e inconmensurable de los lugares recorridos se condensa, se sublima y, finalmente, queda aprisionada en el símbolo icónico, arquetípico y perfecto de la botella. El recipiente pierde su función utilitaria para convertirse en sinécdoque de la experiencia material. Se convierte en una idea platónica, una forma pura que transforma la savia de la tierra en un lenguaje poético esencial, silencioso y, al mismo tiempo, ensordecedor.

Gastone Biggi – La abstracción como acto existencial supremo
Analizar la figura de Gastone Biggi (1925-2014) significa enfrentarse a una de las figuras más complejas, polifacéticas y radicales del panorama artístico del siglo XX. El suyo es un estilo nómada, en perpetua y febril evolución, reacio a las cristalizaciones tranquilizadoras de la academia. Ferviente intelectual e impulsor de movimientos de vanguardia cruciales —basta recordar su incisiva militancia en el Gruppo 56—, Biggi nunca concibió la pintura como un ejercicio estético o decorativo. Como supo destacar magistralmente Giulio Carlo Argan, al dedicar a su obra una atención crítica de rara agudeza, en Biggi reside una profunda e inexorable coherencia estructural. Su pintura se configura como un acto existencial ineludible, una toma de posición del Ser (el Dasein) en el mundo. Cada uno de sus cuadros, cada uno de sus fragmentos, es un microcosmos de signos en tensión, un universo en el que la obra actual ya contiene, en su núcleo vital, las premisas absolutas del cuadro siguiente. Es un diálogo ininterrumpido, a veces dramático, con el espacio, el lienzo, el infinito y la memoria, donde el color y la forma luchan por reivindicar su propia necesidad de existir.
13 de junio: La «Geopoética del Vino», entre la voz y la materia
Para ampliar y extender el alcance de la exposición, insertándose como un contrapunto rítmico en la temporalidad de la misma, se celebra el esperado evento del jueves 13 de junio. Esta velada estará dedicada a una profunda exploración de la «geopoética del vino», un rito en el que la experiencia sensorial se convierte en un puente hacia la palabra literaria. El encuentro contará con la presencia de la actriz Laura Cleri, una figura con una sólida y amplia trayectoria teatral, cuya capacidad para dar cuerpo y profundidad al texto escrito se fusionará con la hermenéutica organoléptica del enólogo y gastrónomo Paolo Tegoni. Juntos darán vida a una actuación en la que la palabra recitada y la expresión vitivinícola del territorio se entrelazarán en un diálogo intenso. No se tratará de una simple cata, sino de una exploración del vino como texto que hay que leer y de la poesía como sustancia que hay que saborear, en un continuo juego de referencias entre el arraigo en la tierra y el impulso de la metáfora.

En el umbral del signo: hacia una impresión crítica precaria
Si tuviéramos que indagar en la naturaleza íntima de la obra realizada por Gastone Biggi en esta «Rue des Vins», no podríamos limitarnos a un análisis formal o estrictamente histórico-artístico. Nos encontramos aquí ante una auténtica interrogación ontológica, un intento de revelación (la «Aletheia» heideggeriana) de lo que la tierra oculta y que el signo gráfico tiene la tarea de extraer y sacar a la luz del mundo.
Biggi, en su reiteración obsesiva, aunque nunca idéntica, del módulo-botella, lleva a cabo un acto filosófico de naturaleza kierkegaardiana: la repetición no es aquí la reproducción mecánica de lo igual, sino la profundización abismal de lo mismo. El pequeño formato de 10,5 x 15 centímetros se convierte en el escenario de una reducción eidética. Biggi deja de lado el «ruido» del mundo, las distracciones anecdóticas del paisaje, para retener únicamente el Eidos, la esencia rítmica y estructural del terruño.
En esta exposición, la botella no se representa como un recipiente, sino que se manifiesta como un «umbral». Delimita un dentro y un fuera, un vacío que espera ser llenado y un lleno que ya se ha convertido en espíritu. El trazo de Biggi —a veces nervioso, a veces acariciante, a veces mordaz— no describe el viñedo ni la copa, sino que traduce la estratigrafía del suelo en estratigrafía del inconsciente. El entrelazamiento entre el pastel y la tinta china se convierte en la metáfora visual de la lucha entre la caducidad de la materia orgánica (el vino que envejece, muta y muere) y la eternidad de la idea (el trazo negro que graba y permanece).
La grandeza de este ciclo reside en su paradójica capacidad de sustraer. Biggi vacía la imagen de todo descriptivismo folclórico para ofrecernos un diario de viaje que es, al mismo tiempo, un riguroso ejercicio de despojo. El vino, elemento dionisíaco por excelencia, se reduce aquí a un principio apolíneo de orden y estructura, sin perder por ello su poder subversivo. La obra de arte, por tanto, deja de ser «representación» para convertirse en «presencia». Al contemplar estos minúsculos papeles, no observamos el recuerdo de un viaje por los viñedos franceses o italianos; experimentamos la gravedad de la tierra, el tiempo condensado en la savia y la frágil y titánica pretensión del hombre de dar forma al caos. La huella de Biggi es un alfabeto para iniciados, un código de barras del alma que nos recuerda cómo, en el fondo, cada sorbo, al igual que cada trazo de lápiz, es un intento desesperado y magnífico de retener lo efímero.
INFORMACIÓN PRÁCTICA Y DATOS DE CONTACTO
- Oficina de Prensa y Turismo: IAT-R Val d’Arda (Tel. 0523 803081)
- Dónde: Enoteca Municipal, Plaza del Ayuntamiento, 3, Castell’Arquato (PC)
- Horario de apertura al público: Del 1 de mayo al 21 de junio de 2026
- Inauguración: Jueves, 30 de abril de 2026, a las 18:30
- Horarios: Todos los días, de 10:00 a 20:00
- Entrada: Libre (obligación de consumir en la mesa en el caso de las degustaciones)
- Información y contacto: Tel. 0523 803215 | Correo electrónico: enotecacastellarquato@gmail.com



